¿PERFECTO O BIEN? ¿ERROR O APRENDIZAJE?

En muchas ocasiones volvemos del verano con buenos propósitos que finalmente quedan en eso, sólo buenos propósitos. ¿Qué es lo que nos impide conseguir llevarlos a cabo? Pueden ser pensamientos del tipo “Va a ser difícil, “Al final seguro que no lo consigo“, o rodearnos de personas negativas que nos transmiten mensajes como “Verás cómo no lo vas a lograr”, “Es imposible”. También pueden ser nuestras creencias más profundas, las que están en nuestro inconsciente, las que nos limitan conseguir lo que deseamos. Estas suelen llevarnos a buscar la perfección en lo que hacemos, a ser los mejores. Pero, ¿qué impacto tienen estas creencias en nosotros y en nuestro entorno? Espero que tras esta invitación a reflexionar, os animéis a pensar y actuar de forma diferente si queréis resultados diferentes.

Volviendo al concepto “perfección” os pregunto: ¿Cuál es la referencia de la perfección? ¿Qué significa ser el "mejor” o "perfecto”? ¿Quién nos pide esto? ¿Qué peaje pagamos por querer alcanzar esa perfección? ¿Para qué nos comparamos?

A diario actuamos de forma automática sin pararnos a pensar qué hábitos nos llevan siempre al mismo resultado. Es en esa inconsciencia dónde están arraigadas creencias que marcan cada uno de los pasos que damos, y que son producto de la educación que hemos recibido. Nuestros progenitores y/o educadores nos transmitieron mensajes desde la mejor de las intenciones, pero a veces con un efecto devastador para nosotros. Por ejemplo nos decían que teníamos que “ser fuertes”. De tanto escucharlo, dejamos de mostrar las emociones al asociarlo con debilidad. En mi opinión hacerlo nos hace humanos, no débiles. Igualmente nos trasmitieron mensajes del tipo “Tienes que ser perfecto para ser el mejor”. ¿Os suena?

Por ello os invito a reflexionar sobre las siguientes cuestiones: ¿Cuánto os permitís a día de hoy cometer “errores”? ¿Quién de vosotros agradece abiertamente cada equivocación que comente?

Quizás la clave radica en plantearnos primero qué en concreto significa “equivocación”, “error” y/o “fracaso”. Para ello os pregunto: ¿De dónde han venido vuestros mayores aprendizajes? ¿De los aciertos o de las equivocaciones? ¿Quién decide si una decisión ha sido un error o un aprendizaje? ¿“Fracaso” es un hecho o la interpretación que elegimos hacer de un hecho?

Estoy convencida que si conseguimos creer que tenemos derecho a equivocarnos, a no ser perfectos, estaremos cambiando nuestra propia realidad. Nos estaremos dando permiso a levantar el pie del acelerador, a dedicar el tiempo que nos ha quedado libre, al no buscar ya la perfección, a aquello que nos hace sentir bien. ¿Y no es esa una prioridad vital?

Por lo tanto buscar lo “perfecto” desde un sentimiento de angustia, daña nuestra autoestima, nos lleva a la frustración, ya que nunca alcanzaremos lo esperado, y sobre todo nos hace gastar más tiempo del necesario en una sola actividad. ¿Cuál es entonces nuestro objetivo? ¿Hacer las cosas bien o perfectas? ¿Cuándo vamos a comenzar a dar la bienvenida a los “errores”? ¿Qué va a cambiar si a partir de ahora nos preguntamos “¿Qué he aprendido?” en vez de “¿Por qué lo he hecho mal?”? Estoy convencida que si hacemos esto, estaremos también impactando positivamente en nuestras futuras generaciones.

Ahora la cuestión es averiguar cómo conseguirlo. Para facilitaros este proceso, os invito a pensar en lo siguiente:

  • Un momento en vuestra vida donde vuestra fuerza de voluntad fue determinante para alcanzar lo deseado. ¿Lo tenéis?
  • Otro donde vuestra constancia, perseverancia, os llevó al éxito. ¿Ya está?
  • Y por último otro en el que vuestro sentido del humor marco la diferencia y a día de hoy os despierta una sonrisa. ¿Lo encontráis?

¿Cómo os sentís al pensar en ellos? Desde esa sensación, quiero daros una buena noticia. Las cualidades que hicieron posible esos logros, siguen en vosotros, y son las que necesitáis para cambiar cualquier hábito: fuerza de voluntad, constancia y sentido del humor.

Por ello comencemos hoy mejor que mañana a dar las GRACIAS a las equivocaciones, a poner el foco en los aprendizajes independientemente del resultado y a sentirnos orgullosos de no ser perfectos. Si no empezamos hoy, ¿cuándo?

por María del Mar Hidalgo de Cisneros