Educar sí, ¿Cómo?

¿Qué significa educar? ¿Qué debemos hacer o dejar de hacer al educar a nuestros hijos? ¿Cómo sabemos que hacemos lo correcto? ¿Qué es "correcto"?

Quizás lo primero es preguntarnos lo siguiente: ¿Quién se supone es el adulto en la relación? ¿Queremos tener la razón o una buena relación? ¿Cuándo debemos ser firmes, cuándo llegar a un acuerdo, cuándo eludir el tema, cuándo ceder, cuándo buscar alternativas diferentes? ¿Somos capaces de alcanzar acuerdos positivos para ambas partes? ¿Estamos dispuestos a escuchar, a cambiar nuestro punto de vista? ¿Para qué esperamos que el otro cambie en vez de aprender nosotros a actuar de forma diferente? ¿Aceptamos a nuestros hijos como seres con propia identidad, que no nos pertenecen, que son “libres” de tener sus propios pensamientos, sentimientos e ideas?

Y por otro lado, ¿cuándo nos hemos sentado tranquilamente con nuestras parejas a debatir y consensuar lo que para cada uno significa educar? ¿Cuáles son los valores que queremos inculcar en nuestros hijos? Si en esa conversación surgen valores como honestidad, compromiso, disfrute, congruencia, responsabilidad, valentía y/o autonomía, os invito a reflexionar sobre el siguiente “decálogo” que no aspira a la “verdad” ni es “ciencia exacta”. Está basado en mis aprendizajes, experiencias y conocimientos.

  • Respeta a tu hijo como legítimo otro. Apórtale tu visión del mundo, pero escucha también la suya. Te sorprenderá descubrir cuánto te puede enseñar.
  • Garantiza que el tiempo que dedicas a tu hijo es de calidad. Si estás con él, ¿qué hay más importante en ese momento? ¿Para qué permites que tu mente te lleve a otro lugar que no es ese instante?
  • Predica con el ejemplo. Si gritas, gritará. Si escuchas, escuchará. Si eliges un momento, lugar y tono adecuado para comunicarte, aprenderá a hacer lo mismo. Si pones el foco en los problemas y no en las soluciones, hará lo mismo. Entonces, ¿para qué esperas lo que no has dado?
  • Pon el foco en los pequeños logros diarios y verbalízalos. Evita que pasen desapercibidos. Valora cosas como levantarse con una sonrisa o un “buenos días”, colaborar en casa, atender en clase, estudiar a pesar de la pereza, ceder ante un conflicto, mostrar emociones ante un reto ya esto significa responsabilidad. Este reconocimiento le ayudará a afrontar las dificultades con mayor seguridad, a mejorar desde la confianza y la motivación. Por cierto, ¿cuánto te reconoces a ti mismo tus propios logros?
  • Ríete con tu hijo. ¿Cuándo es la última vez que lo hiciste? ¿Qué te impide hacer hoy mismo una guerra de almohadas, una lucha de cosquillas…? ¿Prejuicios, orgullo, rencor? ¡Malos compañeros de viaje! Los adolescentes, al igual que los adultos, llevan un niño dentro que necesitan cuidar y a veces no sabemos cómo hacerlo. ¡Ayúdales y ayúdate!
  • Genera conversaciones constructivas donde muestres interés genuino por su vida. Utiliza tu curiosidad sin ser “inquisitivo”. Utiliza preguntas abiertas en lugar de cerradas y cuestiona más “¿para qué?” y menos “¿por qué?”. Estarás contribuyendo a poner el foco en las motivaciones, en los beneficios, en vez de en las justificaciones y las respuestas defensivas.
  • Publica por escrito las normas de la casa. Evita los espacios de obviedad. Además, es fundamental ser consecuente con estas normas, mostrar firmeza que no significa “agresividad”. Sé capaz de adaptar las normas si la convivencia así lo requiere.
  • El autocontrol es responsabilidad de cada uno. Por mucho que te enfades, tú eliges cómo responder ante un estímulo. Usa hábilmente el poder de decisión. Practica “STOP” = Silencio, Tiempo para respira, Observa, Pregunta: “¿Qué pone en las normas? Entonces, ¿qué consecuencias tiene lo que has hecho?”
  • Alcanza acuerdos equilibrados. Es importante mantener la actitud de querer comprender al otro. Expresa primero tus propios sentimientos y necesidades, después escucha los sentimientos y necesidades del otro. Finalmente pide lo que necesitas y respeta tanto un SI como un NO por respuesta. Recuerda que solo hay acuerdo si ambas partes aceptan. Una petición no es una orden. ¿Qué necesitas para sentir que ceder también es ganar?
  • Somos seres humanos, pero ¿somos humanos? Mostrar nuestras emociones nos hace humanos, no débiles. ¿Qué es más valiente, ocultar la emoción o mostrarla?
  • Pide perdón y agradece tus propias equivocaciones, así ellos harán lo mismo. Los errores son nuestros maestros, lo que nos ha hecho aprender y llegar a donde hemos llegado. Un error es el paso previo al éxito. ¿De quién depende verlo como un aprendizaje o como un fracaso?
  • Planifica conjuntamente actividades divertidas. Evita expresar tus deseos como órdenes. Dile que deseas y necesitas compartir tiempo con él, que quieres hacer algo juntos, que para ti es importante. Después pregunta qué quiere hacer, qué propone, y adáptate a lo que desea siempre que sea saludable para ambos. Verás quien se beneficia más de esta acción.
  • Abraza, besa, acaricia, di “te amo”. Si tu hijo es importante para ti, ¿para qué no se lo haces saber cada día?
  • Adáptate a las necesidades particulares de tu hijo. Son seres únicos. Por lo tanto, lo que te ha funcionado con uno quizás no funciona con otro. ¿Crees que todos aprenden por igual? ¿Qué vas a ganar si te adaptas al tiempo y ritmo de cada uno?
  • Acompáñale a que marque objetivos concretos, medibles, alcanzable, apetecibles e ilusionantes. Al alcanzar un objetivo, nuestro cuerpo produce dopamina, un neurotransmisor considerado como el centro del placer, ya que regula la motivación, el deseo y hace que repitamos conductas que nos proporcionan beneficios y aprendizajes.
  • Y, por último, pero no menos importante, cuídate. Busca tus espacios de disfrute, de conectar contigo mismo, con tu pareja, familia y/o amigos. Descansa, ya que sin energía cualquier acción es comparable a subir el Everest sin el equipamiento adecuado. ¿Cuántas vidas tienes? ¿Quién es responsable de cuidar la tuya? ¿Qué estás dispuesto a cambiar para sentirte bien contigo mismo? ¿Cómo quieres que las personas que más quieres estén bien si tú no lo estás?

Y ahora, ¿por dónde vas a comenzar? ¿Qué reto te vas a poner hoy? Recuerda: “Piensa en grande, actúa en pequeño".

Te deseo éxito.

por María del Mar Hidalgo de Cisneros