EMOCION: Energía que nos mueve

¿Cuántas veces te has encontrado con un “no tiene importancia” o “no pasa nada” cuando has sentido miedo, tristeza, enfado? Claro que pasa, y mucho. Ignorar o tapar las emociones afecta directamente a la relación con los demás y con uno mismo. Las emociones nos dan información sobre qué necesitamos para estar mejor. Si no las escuchamos ni expresamos adecuadamente, será difícil que nuestro entorno y nosotros mismos sepamos cómo actuar.

Nuestro cuerpo, expresión física de nuestra emoción, nos da señales que, si no aprendemos a prestar atención y actuar en consecuencia, pueden tener graves resultados para nuestra salud y para nuestras relaciones personales. ¿Qué opciones tengo? ¿Sólo reventar o reprimir? ¿Existen otras? La respuesta es SI. Puedo elegir hacerme amigo de mi emoción, escucharla, entender para qué está ahí y conseguir que sea beneficiosa para mí.

Pero no es tarea fácil, porque con frecuencia ni siquiera sé cómo expresar la emoción de forma adecuada. ¿Cómo voy además a lograr que me ayude? ¿Cómo puedo convertir una emoción desagradable en una oportunidad de crecimiento personal?

Puede resultar tranquilizador saber que las emociones son una reacción físiológica es decir, no puedo evitar la emoción que me provoca un determinado estímulo o acontecimiento. Las emociones son innatas y universales. Pretender “controlar” una emoción es batalla perdida, pero la buena noticia es, que cualquier emoción está a la espera de una acción; por lo tanto, no elijo la emoción, pero sí elijo la acción. La acción es mi responsabilidad.

Hasta el momento en el ámbito de la educación no se le daba el mismo valor a aprender matemáticas que desarrollar habilidades y herramientas para gestionar las emociones. De hecho, la mayoría de los mensajes que con todo su amor nos han transmitido nuestros progenitores son su mejor intención ha sido exactamente el de no atender ni escuchar a nuestras emociones. ¿Quién no ha escuchado en determinados momentos frases como “¡No llores!”, “¡Sé fuerte!”, “¡No te enfades!”, “¡Date prisa!”, “¡Así no vas a ningún lado!”, “Eres un egoísta”?

Me gustaría invitarte a reflexionar sobre qué emoción despierta en ti leer las siguientes afirmaciones:

  • “Mostrar lo que siento es mi derecho, me hace humano no débil.”
  • “Tengo derecho a defender y proteger mis límites, a respetarme respetando también al otro.”
  • “Necesito tener en cuenta qué es importante para mí”.
  • ”Cuando digo NO, me estoy diciendo SI a mí.”
  • “Quiero vivir cada paso del camino. Para eso necesito decir “adiós” a ….“
  • “Puedo conseguir lo que me proponga si es lo que realmente quiero.”
  • “Cuando alguien me hace sentir mal, le estoy dado poder. ¿Hasta cuándo?”
  • “Voy a disfrutar de cada momento independencia del resultado”.
  • “Escuchar mis necesidades y emociones es calve para mi bienestar y el de mi entorno”.
  • “Voy a quererme más, cuidarme, practicar el egoísmo sano. ¿Cómo pretendo que las personas que quiero estén bien si yo estoy mal?” (ver valores desconocidos)

¿Qué te impide decirte esto cuando lo necesites? ¿Cómo va a cambiar tu emoción si lo haces? ¿En qué te va a beneficiar hacerlo? ¿Quién es responsable de decirse una cosa y otra?

Para mí la clave para gestionar los sentimientos radica en tomar consciencia de las propias capacidades, valorar cada día lo hecho, agradecer las equivocaciones que me permiten aprender y aplicar la receta PPH (Para Piensa Haz) en estricto orden.

Al parar respiro y acepto la emoción (es una reacción fisiológica). Al pensar encuentro la intención positiva de lo que siento y me doy la oportunidad de provocar una acción diferente que me lleve a un resultado diferente.

Nuestra emoción es la energía que nos mueve. ¡Aprovechémosla!

por María del Mar Hidalgo de Cisneros